SerieDesnudos

Ángel Boliver y su modelo en su estudio pintando el desnudo La pelirroja del chongo con rizos ca. 1987.

Esta selección, Las tentaciones de la carne, está compuesta por varios temas donde el desnudo es fundamental. Tanto al dibujo como en cuadros de color.

El desnudo es un elemento plástico natural y de sorpresa desde las primeras edades del hombre. Desde los tiempos de la Venus de Willendorf, Venus paleolítica datada entre 28.000 y 25.000 a. C., las mujeres desnudas invadieron la roca viva, las catedrales, los museos, los libros, las telas. Por algo ha de ser. Desde entonces, el temblor de las manos de los hombres del arte han recorrido y vuelto a recorrer el continente siempre nuevo e invitador del cuerpo de la mujer, para dejarlo plasmado en oro permanente, en bronce, en roca, en carbón, en azul. Nunca ha sido estático, simbólico, hierático, religioso, fogoso, provocador, apolíneo. Pero ha sido siempre, monstruosa o delicada, un elemento constante de evidente verdad. La modelo se para, se sienta, o simplemente aparece; con ello, llena el ámbito.

El hombre de arte, tan sólo armado con un pedazo de carbón, la sitúa, la gira, la magnetiza; y ella, la modelo, permanece estática casi sin respirar. Sin su parloteo habitual o sin su silencio de piedra. Se tienden unos hilos eléctricos de dos que trabajan en silencio y se va dejando sobre el papel una imagen que puede permanecer segundos, días o siglos.